DEL HOSPITAL A CASA

Hoy os traigo un post con mucho sentimiento. LA VUELTA A CASA. Madre mía… Sinceramente, ahora me río de todo aquello pero en su momento… no sé como explicaros aquella sensación de vacío, felicidad, miedo, nervios… Creedme que todas estas sensaciones mezcladas en una coctelera pueden llegar a ser una bomba explosiva. Estuvimos en el Hospital, desde el martes que Jan vino al mundo, hasta el sábado por la mañana. Durante esos 4 días no llegaba, estuvimos tanto Jordi como yo muy pero que muy a gusto. Con cada profesional que entraba en la habitación, entablaba una conversación distendida y divertida. Me gustaba cuando entraban a (inciso: Se une Jan a la redacción. Va leyendo que no haga ninguna falta) visitarme, comprobar que todo estuviera bien y que no me faltara de nada. Durante las primeras horas, entraban para realizarme el higiene de la cicatriz así como ponerme la medicación que me tocaba pues las 24h después de la cesárea, la medicación era intravenosa. La primera noche en el Hospital, ni me enteré. Estaba tan adormilada que me pasaron las horas volando. Eso sí, no le quitaba ojo a mi pequeño bebé. A la mañana siguiente, me dolía mucho la cicatriz. Yo seguía sin moverme de la cama ya que aún estaba sondada, pero durante esa mañana me la iban a quitar. Y así fue. Me quitaron la sonda y les pregunté si podía levantarme e ir al baño a ducharme. Se miraron las dos auxiliares y se rieron. “Si puedes, genial”. Y les dije: sí claro, ¿no? Hice el gesto de querer incorporarme y… yo también me reí. Les dije que más tarde si eso. Así que me lavaron ellas. Todo eran muestras de cariño. Se nota cuando las personas trabajan de lo que les gusta. Trabajar en un Hospital, debe ser totalmente vocacional. Recuerdo que cuando me hacían las curas de la cicatriz, las primeras 24h me hacían una práctica algo dolorosa. Una auxiliar me apretaba el abdomen a la vez que yo cogía aire, y hacía fricción, apretando con algo de fuerza para que fueran saliendo loquios de sangre. Y sí, salían. Los notaba. Mi ginecólogo me dijo que era totalmente normal tener pérdidas de sangre durante las primeras semanas después de parir pero que, siendo cesárea, esas pérdidas eran menores ya que él se había cerciorado de limpiar todo muy bien por dentro para no tener tantas pérdidas. Esos apretones en mi vientre fueron al final entre 5-6 veces durante las primeras 24h. Cada vez que tenían que hacérmelo me quería morir. Pero llegó el momento en que ya pasó. También llegó el momento de retirarme la medicación por vena. Ahora dábamos paso a las pastillas: enantyum y xumadol. Pero, ¿qué pasó con la medicación oral?

Las que estáis leyendo este post y habéis pasado por una estancia a todo incluido en un Hospital por parir, me entenderéis cuando os digo que, las visitas de amigos y familiares no son compatibles con las horas de las comidas de dichos “hoteles”. ¿A que no? Pues eso, recuerdo que la comida me la traían siempre a las 13h y la cena aproximadamente entre 19h largas y 20h. ¿Qué pasaba con mi querida cena caliente? Que me la comía fría. Siempre tenía a alguien en la habitación durante esos instantes. También digo que como Jordi se quedaba a dormir con nosotros en la cama del invitado, siempre comíamos juntos pero, teníamos que esperar estar a solas para poder hacerlo. No veía nunca el momento de comer. Cuando se iban todos los amigos y familiares, él iba a comprarse algo y se lo traía a la habitación. Ahí entonces, era cuando yo comía y me tomaba mi medicación. Medicación que nunca iba a las horas que me tocaban e incluso algunas me las saltaba por lo que os comentaba. Tenía que tener algo en el estómago para poder tomármelas y, si retrasaba las comidas por las visitas, todo se retrasaba y el dolor, era mayor… Parece tontería pero… echaba de menos la medicación intravenosa. A las 48h de la cesárea, ya podía levantarme y aunque me costaba horrores, yo quería levantarme, moverme, cambiarme, coger a mi pequeño… El personal del Hospital siempre me decía que daba gusto verme, que ese mismo día habían tenido tres cesáreas más y que para nada estaban igual de “frescas” que yo. Tener una cesárea no es fácil chicas. Nada fácil, pero o ponemos de nuestra parte… o el cuerpo se adapta a la no-movilidad. Tenemos que vencerlo. Como ya os dije, la leche me subió el viernes. Y ya os conté lo mal que lo pasé. Entre la leche chorreando de mis pezones, las múltiples compresas que me iba cambiando cada 10 minutos y mis super hormonas amigas, yo estaba… para irme a las Maldivas un mes entero. Pero la gente quería venir, y ver a Jan. Lo entiendo. Aunque creo que muchas veces, a nosotras no nos entienden ni nos comprenden. ¿Qué opináis al respecto?
Mi gine me comentó que podía irme del Hospi cuando yo quisiera, si quería el viernes, el sábado, el domingo o incluso el lunes. La verdad que me hubiera quedado a vivir. Pero esa posibilidad, no me la nombró. Decidimos irnos el sábado por la mañana porque, aunque yo el viernes ya estaba genial, cuánto más aprendiera para cuidar a Jan, más tranquila me iba a casa. Recuerdo que los consejos de las chicas de la Nursery, me iban genial. Me enseñaban cosas así como que la primera orina de un bebé es siempre algo anaranjada tirando a un color sangre. De haber estado sola en casa, hubiera ido a urgencias. Pero esa primera orina anaranjada, es totalmente normal debido a que siempre son los primeros pipis más concentrados.
En fin, recuerdo mi experiencia en el Hospital como algo tan, pero tan bonito… Comodidad, amabilidad de todo el personal…¡tenía pena por irme por no volver a ver más a toda la gente! Madre mía… Sí, cojo cariño rápido yo… No sé, fue todo muy intenso, pero muy bonito. Y mirad que tenía pánico a ver como me tratarían, como iría la cesárea, etc… Y tengo claro que, ¡repito de ginecólogo, de Hospital y espero que la chica que me traía la comida también esté!

Y al fin, llegó el día de vestirme de calle, maquillarme un poco, y salir de nuevo a la vida exterior. ¡Estaba hasta nerviosa! Pues bien, con lágrimas en los ojos, busqué a todo el personal del Hospital que me había atendido para agradecerle mi estancia allí. Jordi y yo nos mirábamos y nos sonreíamos, cuando veíamos a una mami que acababa de parir y la subían junto a su pequeño acostado encima de ella. Tremenda sensación… Unas llegaban, otras se iban… Fuimos a buscar el coche que teníamos aparcado en el parking del Hospital y pusimos a Jan en el maxicosi. Madre mía, ¡si de tamaño parecía un guisante! Estuve todo el viaje aguantándole la cabeza y mirándolo para que no se escurriera o, peor aún, se rompiera. (Qué exageradas que llegamos a ser ante una situación totalmente desconocida, ¿Verdad?) Aunque, toda precaución, siempre es buena. Dicen que “mujer precavida, vale por 2”.

img_1500

img_4694

Como sabéis, Simba y Nala son nuestros hijos perrunos. Un pinscher de 4 años y una dálmata de 3 años y medio. Cariñosos, juguetones, mimados a más no poder… en fin, un amor de perros. Los hemos cuidado y educado de tal manera que, sigan nuestros principios educativos. Para Jordi y para mí, un perro no es un animal, es uno más de la familia. Han dormido siempre con nosotros, bajo las mismas sábanas, han participado en nuestras actividades y vacaciones. Son dos hijos más. Pero para aquel entonces, volviendo del Hospital, yo estaba muy nerviosa por ver qué pasaría y como se lo tomarían. Nunca tuve dudas al respecto, pero… cuando está llegando el momento, ese instante antes de abrir la puerta… te pasa de todo por la cabeza. Debo comentaros que los peques (Simba y Nala) están algo obsesionados conmigo, en plan bien. Y hacía 5 días que no me veían. En casa siempre hemos tenido amistades que traían a sus hijos y yo sabía que para ellos, el cochecito con Jan dentro, no iba a significar nada más que, un niño más que venía a verles.

 

Pero no sabían que ese niño, ese se quedaba para siempre. Entró Jordi primero con las bolsas y luego yo con el cochecito. Previamente quiero comentaros que, durante mi estancia en el Hospital, Jordi les trajo un pañal y les dejó la primera muselina que usamos de Jan para que la olieran y como mínimo… empezaran a oler algo que próximamente, olerían cada día.

Mi casa es totalmente luminosa. El hecho de tener tanta entrada de luz, comporta que en verano haga mucho pero que mucho calor y os recuerdo que, estábamos a finales de agosto. De hecho, el próximo verano pondremos un aire acondicionado. Este año no lo hicimos porque veníamos de mudanza y realmente no lo valoramos ya que estando embarazada, siempre sientes más calor. Pues bien, solo entrar por la puerta, ya estaba agobiada. Los peques queriendo mimos, todos sudando como pollos, eran las 13h y la comida no estaba preparada. Recuerdo que le dije a Jordi que se encargara un momento de Jan que iba a la ducha. Me desnudé, (con el dolor que llevaba encima por no haberme tomado la medicación esa mañana), y estuve bajo el chorro de agua fría, llorando como si no hubiera un mañana. Recuerdo ese instante como si hubiera sido esta mañana. Lloraba porque en el Hospital estábamos protegidos, había aire acondicionado y nos tapábamos con una sábana. Jan allí iba con polainas (pies tapados) y en casa lo llevaba, ¡en pañal! Pobre criatura, recién nacido y…¡en pañal! Qué dura era conmigo… Las hormonas tampoco me ayudaban demasiado, y el dolor de la cicatriz tampoco. Estaba cerrando una etapa que había durado 9 meses y ahora tocaba vivir la experiencia que siempre había soñado. Esa sensación, la tuve un par de días. Luego todo pasó. Por suerte, papi tenía 15 días de permiso de paternidad más 15 días de vacaciones. En total, estuvimos 1 mes juntos. Al día 16, ya quería que fuera a trabajar. jaja Eso, os lo contaré en otro post. También quiero comentaros que, a día de hoy, hemos decidido que Simba y Nala duerman en otra habitación porque cada noche suben a la cama y al final, no tenemos espacio, muchos pelos y creo que – por ahora – es lo mejor para todos. También os contaré como va evolucionando esta nueva etapa.

Como siempre, agradeceros a tod@s los que os interesáis por leer mis vivencias y me encantará – como siempre – leeros y qué compartáis vuestra “llegada a casa”. ¡Un abrazo a tod@s!

img_0002

Anuncios

6 comentarios sobre “DEL HOSPITAL A CASA

  1. La meva tornada a casa va ser…extranya. El meu home havia vingut el dia abans a muntar el moisès pq l’Abril va venir de sorpresa i no tenia ni els llençols posats (els havíem posat, i els gats hi dormien…sort que els havíem rentat!). Vaig obrir la porta i em sentia tan extranya…! Els gats que anaven a olorar la nena, jo patint per les ungles, la casa feta un desastre pq havíem marxat corrents quan vaig trencar aigües…no estava a gust. Vam posar la nena al llitet i recordo el primer dia que només volia anar a dormir…i no tenia gens de gana, gens! Menjava com un ocellet…necessitava dutxar-me, canviar-me de roba…estava molt cansada i les escales no ajudaven amb els punts que portava (per sort no va ser cesària pq tinc moltes escales…). El dia següent tenia hora amb la llevadora, vam anar i em van recomanar anar a l’hospital comarcal a mirar el grau d’ictericia pq veien la nena groguenca…i 24h ingressats! Llavors si que volia tornae a casa! Per sort, com tot, passa…i ara ric, però les hormones eren un festival! 😘😘

    Me gusta

    1. ¡Hola Iris! Deunido també! A mi em va passar el mateix, com ens va agafar d’imprevist, tenia la casa potes enlaire… el meu marit, estant jo a l’hospital, va venir a casa un dia a escombrar i fregar una mica…un show. Com bé dius, sort que tot passa… jeje i les hormones… vaja unes!
      Gràcies pel teu comentari. Una abraçada maca.

      Me gusta

  2. Totalmente de acuerdo Noemi,la gente no se pone en el lugar de la mama que acaba de parir ni en el hospital ni en casa cuando te arde el móvil porque quieren venir a conocerlo…😥
    Por otro lado, ánimo y constancia con la nueva etapa con los perris, nosotros estamos igual pero con dos gatos 😅 con ellos es un poco más difícil porque saltan y entran con más facilidad,pero con un biombo que separa las 2 habitaciones (Leo ya duerme en la suya) nos apañamos muy bien
    Me encantan tus post!
    Un besito!😘

    Me gusta

    1. ¡Hola guapa! Total… tenía el teléfono que pensaba que iba a explotar. Solo con ver todos los mensajes que tenía pendientes por contestar ya me agobiaba, ¡qué horror! Pero bueno, suerte que hay gente que aún entiende la situación, y te da un margen…

      Gracias por tu comentario bonita. Un abrazo.

      Me gusta

  3. Nuestra vuelta a casa hasta las 8 de la tarde fue “normal”, ningún detalle a comentar, pero a partir de esa hora algo pasó para que Aimar empezara a berrear, sin parar y hasta las 7.30 de la mañana, fue la noche más larga y dura que recuerdo.
    A las 7.30 le dije a Ignacio que os íbamos a la calle con el niño y fue tocar la calle y quedarse dormido.
    Horrible!!! Que mal rato, pensaba que me iba a dar algo

    Me gusta

    1. ¡Ostras! Jan desde siempre ha sido dormilón, pero como le daba el pecho, cada 2h reclamaba su toma. Y yo, yo no llevo nada bien dormir poco… madre mía que cansancio tenía… El pasear por la calle no sé lo que tiene pero es mano de santo, ¿verdad?
      Gracias por tu comentario y tu apoyo bonita. Un beso enorme.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s