BEBÉS & ANIMALES. COMPATIBLE 100%

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Érase una vez, una loca de los animales que se independizó con 23 años. Kyra era (sigue siendo) mi gatita de color negro la cual no pude llevar conmigo porque no hubo manera. Estuvimos Jordi y yo intentando poder cogerla y llevárnosla pero al final, vimos que lo mejor era que se quedara allí donde se crió, con mi madre y mi hermano. Así que, fue por aquel entonces cuando Jordi y yo decidimos coger un perrito. Como nos independizamos en un estudio de 30 metros cuadrados, evidentemente el perrito debía ser pequeño así que nos decantamos por la raza pinscher. Y… ¡qué gran elección! Son fieles, cariñosos, protectores… Simba para mí, es especial… Jordi y yo fuimos mejorando de trabajos y por ende nuestras nóminas también, así que pudimos mudarnos a un piso más grande y seis meses más tarde, decidimos dar la bienvenida a nuestra familia a Nala. Yo creo que las imágenes que vais a ver ahora hablan por si solas y creedme que me he emocionado al recopilar las que os muestro. Me he emocionado, ¿sabéis porqué? Porque me ha dado pena. Pena porque mi relación con ellos no es la misma que antes y me sabe mal, muy mal… me he sentido hasta mal.

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Cuando estaba embarazada me entraron manías con Nala y con lavarle mucho la boca porque tiene la manía de comer lo que sea en la calle, ya sea comida, papeles o heces. Y ya sabéis que estaba obsesionada con la toxoplasma y como primordialmente se contagia con las heces de gato, vivía obsesionada en si Nala había comido una caca de gato. (Extremista… así soy yo). Poco a poco se me fue pasando pero realmente, lo pasé bastante mal. Mi tripa iba creciendo y como ya sabéis tenía mucha y me daba miedo que me dieran algún golpe aunque, cada vez que iba creciendo más y más, ellos se percataban de ello y no se subían encima mío. Pasearlos cada vez era más difícil por lo que Jordi tuvo que dedicar mucho tiempo a los paseos con ellos. Cada día salen entre 3-4 veces al día. Además, tenemos una terraza de casi 70 metros cuadrados, en la que pueden salir y correr lo que necesiten. De hecho, nos mudamos con 30 semanas de embarazo, buscando una terraza para ellos principalmente.

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Simba es un perro todo terreno. No tiene ningún problema, solo va al veterinario cuando le tocan sus revisiones. Pero Nala… a Nala nos la dieron enferma. Recuerdo la primera noche de tenerla, ir a urgencias con ella a las 12 de la noche… desde entonces, siempre estamos con algo. Pero bueno, lo que haga falta. Lo que cueste, lo tenemos clarísimo. Es una más. Han ido pasando los años para ella, y un día tuvo que ser operada de urgencia por tener un problema crónico intestinal en el que padece obstrucciones. Todo fue bien pero a raíz de esta enfermedad que tiene, debe comer siempre un mismo pienso y nada de chuches ni comida casera. (Algo le cae a veces… pienso que también debe disfrutar). Pues bien, además de esta enfermedad crónica, tiene piedras en el riñón. Muy joven para tenerlas, pero no pasa nada. Aquí estamos nosotros. Se medica. Cuando tiene sus crisis toma cortisona y, ¿qué pasa con la cortisona? Que le produce muchas ganas de hacer pipí. Pues bien, a mis 34 semanas de embarazo, que yo no podía con el calor ni conmigo misma, le daba por hacer pipi dentro de casa (cuando NUNCA lo ha hecho) y, sus pipis…no son como los de Simba, aquello era el Nilo mínimo… Ya podéis imaginaros mi desesperación cada vez que se hacía pipi (2-3 veces al día). Yo embarazada, cogiendo el cubo de agua, vaciándolo… llenándolo… Recuerdo un día que hasta se hizo pipi en el ascensor. Me quise morir. No entendía nada. No sabía si era por celos del embarazo, por su enfermedad… en ese momento os confieso que empezaba a preocuparme por la llegada de Jan… Hablé con un educador canino quien me comentó que podían ser celos pero también hablé con su excelente veterinaria quien me dijo que bajáramos la dosis de la medicación y, ¡qué acierto! De tantas ganas que tenía de hacer pipi, no podía aguantarse la pobre… Me sentí mal conmigo misma por pensar que quizás tenía celos…

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Pues bien, la llegada a casa fue como sabéis muy muy estresante. Hacía mucho calor, era la hora de comer y los peques hacía cinco días que no me veían. Vieron un cochecito entrar por la puerta, pero no le dieron importancia porque entran muchos niños en casa y bueno, para ellos sería uno más aunque no supieran que ese se quedaba de por vida. Los primeros días intentábamos acercar a Jan a Simba y Nala pero su reacción era de rechazo. Me explico, no era un rechazo “malo”, sino que se apartaban. Era más bien respeto. No podían tenerlo muy cerca porque se ponían nerviosos. Pero el cambio vino cuando Jan pudo estar sentado en su hamaca. Estaban en el mismo nivel y entre ellos se iban viendo y por ende, interaccionando. No sabéis la alegría que me daba ver a Nala sentada al lado de Jan. NUNCA JAMÁS, le han hecho un mal gesto, un intento de gruñir… nada. De hecho, os sorprenderíais del carácter de Nala, no he visto perra más buena. Simba es un trozo de pan, pero es muy, muy inteligente. Un listillo… y ya sabéis qué pasa con los listillos, que a veces… ¡se pasan!

Poco a poco su relación ha ido mejorando mucho. Jan los ve y se distrae mucho con ellos, ve a Nala y no deja de seguirla con la mirada, le tiene loco. Simba igual, pero al ser más pequeño, pasa desapercibido jeje

No os puedo contar más que lo que podéis ver en las imágenes ya que hablan por si solas… tengo (tenemos) mucha suerte de tener los perros que tenemos y no los cambiaba por nadie en el mundo. No es fácil compaginarlo con un bebé. Ellos necesitan sus paseos, sus largos paseos, correr, sus mimos… y todo esto, compaginarlo con un recién nacido cuesta y mucho. Pero nunca en la vida se me podría pasar por la cabeza darlos, abandonarlos o qué se yo. Porfavor, desde aquí… pido un poco de conocimiento a la hora de tener estos pensamientos. Evidentemente, si la salud del bebé está en peligro… puedo llegar a entender según que medidas. Pero me he encontrado con muchos casos en los que se han llegado a dar perros por tener un bebé, porque se mean, porque sueltan pelos… Sí señores. Son animales. Pero también forman parte de la familia… y siempre recordaremos Jordi y yo, que primero estaban ellos. Son los hermanos perrunos de Jan.

Antes dormíamos juntos, los 4 en la cama. Bajo el mismo edredón. Nos daba igual, son nuestros perros sanos y limpios, ningún complejo. Pero… cuando estaba embarazada (primordialmente por miedo a que me dieran un golpe durmiendo) decidimos bajarlos. No fue difícil ya que era verano y en la cama tenían calor, preferían el fresquito del suelo, aunque Simba siempre me lo encontraba dentro conmigo luego… jeje Se acostumbraron rápido pero a la que podían, volvían a subirse así que decidimos que estuvieran en el resto del piso. Cada noche Jordi y yo nos acostamos y la cama nos queda grande, pero también tenemos nuestro espacio, no me importa poner a Jan encima de la cama porque no hay pelos pero… justo ayer decidimos que volvieran a nuestra habitación en su cama perruna. Somos una familia, y queremos estar todos juntos. Eso sí, cada oveja… con su pareja.

Por último, os dejo con una frase que un día leí y se me ha quedado grabada por la razón que veo en ella:

Mientras más conozco al ser humano, más quiero a mi perro.

Como siempre, ¡gracias a tod@s por leerme! Si tenéis alguna pregunta en concreto sobre este tema, no dudéis en preguntarme. Sin problema 🙂 Un besito!!!

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10 comentarios sobre “BEBÉS & ANIMALES. COMPATIBLE 100%

  1. Qué bonito post! Nosotros actualmente no tenemos animales en casa, aunque me crie con mi hermanita perruna. Pienso que para el desarrollo de los niños el contacto con los animales es muy importante y me alegra mucho que tus pequeños se lleven bien con Jan porque se lo van a pasar bomba los tres juntos. Un abrazo.

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  2. Lo que hablas del rechazo inicial me pasó a mi tb al principio no querían saber nada de mis mellis hasta que estuvieron al mismo nivel, siempre me dio un poquito de miedo los celos pero logran sorprendernos cuidandolas y protegiendolas. Hay gente que no los deja acercarse y además pasan a un gran segundo plano y creo que ese es un gran error.

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    1. Pues sí, comparto tu comentario. Yo fui cautelosa, porque no dejan de ser animales, y uno nunca saben. Pero es que perfectamente puedo ir a tender la ropa a la terraza y quedarse Jan en su hamaca con ellos. Y eso, me alivia. Gracias por leerme y por tu comentario. Un beso guapa.

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  3. M’he sentit molt identificada amb el teu post! Per nosaltres les 2 gossetes que tenim és com si fossin 2 filles més i amb el Pol la gran si porta molt bé ( la petita és ponera) y respecte que al tindre als bebes els deixem una mica de banda a mi tmbé em feien moltissima pena sobretot quan vam arribar del hospital. Però ara tenim els nostres momentets per estar els 5 junts i quan dorm el Pol estem per elles, i si, les nostres a mitja nit pugen al llit amb nosaltres però a mi m’encanta 😊

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    1. Nosaltres hem tornat a posar el llit a la nostra habitació. El Simba, el petit… ens deixava un regalet cada matí a qualsevol habitació (pis) i penso que es crida d’atenció total… perquè el tio té una gran terrassa on tenen accés i surten 4 vegades al dia i que, es pot aguantar!! La mare que el va parir… jajaja gràcies per llegir-me Carla 🙂 Una abraçada bonica.

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